Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra cariñosa a la escueta montaña donde un tiempo la gaita guerrera alentó de los nuestros las almas y compás hizo al eco monótonodel canto materno, del viento y del agua, que en las noches del invierno al infante en su cuna de mimbre arrullaban. Que tan bello apareces, ¡oh roble! de este suelo en las cumbres gallardas y en las suaves graciosas pendientes donde umbrosas se extienden tus ramas, como en rostro de pálida virgen cabellera ondulante y dorada, que en lluvia de rizos acaricia la frente de nácar. ¡Torna presto a poblar nuestros bosques; y que tornen contigo las hadas que algún tiempo a tu sombra tejieron del héroe gallego las frescas guirnaldas!
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